Carlos Montenegro escribió con mucho patetismo el papel desempeñado por el periodismo colonial durante la insurgencia libertaria de los pueblos Kollasuyanos, 45 años antes de la declaratoria de la independencia de Bolivia.
Los “pasquines y libelos” que representan ser precursores del periodismo boliviano, sobre los que existen muy pocos estudios, probablemente no eran propiamente periódicos ya que no eran de edición diaria, como ahora, sino hojas sueltas manuscritas de esporádica aparición, pero por su contenido, como dice él mismo; “por la publicidad manuscrita, por su índole, fueron típicamente periodísticas”.
Circulaban por la noche. Clandestinos, a fuerza anónimos eran pegados en las esquinas de concurridas calles urbanas aprovechando la oscuridad, insuflando el espíritu y sentimiento anticolonialista, denunciando los abusos de cobradores de impuestos, insuflando sentimientos libertarios, estados de ánimo colectivos, interpretando las pasiones de la época.
Buscaban generar identidad, cohesión social y un “inequívoco anhelo político de autonomía que andando los tiempos habría de cristalizarse”. Sus autores sabían exactamente que se enfrentaban a la muerte si eran descubiertos. La Pragmática de Toledo de 1502, a pesar de sus dos siglos establecía el control de la imprenta, la difusión de libros y escritos seguía vigente en las colonias americanas, prohibiendo cualquier escrito sin autorización real.



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