IMPRENTA COLONIAL - El tirador y el batidor en la prensa, Foto: Pintura de Robert Alan Thom (1915-1979). Fuente: American Gallery
IMPRENTA COLONIAL - El tirador y el batidor en la prensa, Foto: Pintura de Robert Alan Thom (1915-1979). Fuente: American Gallery
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Los “pasquines y libelos” precursores del periodismo boliviano, sobre los que existen muy pocos estudios, probablemente no eran propiamente periódicos ya que no eran de edición diaria, como ahora, sino hojas sueltas manuscritas de esporádica aparición pero, por su contenido, fueron típicamente periodísticas.
Jaime D Mare C
11 de diciembre de 2025
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FORO DE LA PRENSA : Periodismo Colonial – Insurgencia Libertaria

Carlos Montenegro escribió con mucho patetismo el papel desempeñado por el periodismo colonial durante la insurgencia libertaria de los pueblos Kollasuyanos, 45 años antes de la declaratoria de la independencia de Bolivia.

Los “pasquines y libelos” que representan ser precursores del periodismo boliviano, sobre los que existen muy pocos estudios, probablemente no eran propiamente periódicos ya que no eran de edición diaria, como ahora, sino hojas sueltas manuscritas de esporádica aparición, pero por su contenido, como dice él mismo; “por la publicidad manuscrita, por su índole, fueron típicamente periodísticas”. 

Circulaban por la noche. Clandestinos, a fuerza anónimos eran pegados en las esquinas de concurridas calles urbanas aprovechando la oscuridad, insuflando el espíritu y sentimiento anticolonialista, denunciando los abusos de cobradores de impuestos, insuflando sentimientos libertarios, estados de ánimo colectivos, interpretando las pasiones de la época.

Buscaban generar identidad, cohesión social y un “inequívoco anhelo político de autonomía que andando los tiempos habría de cristalizarse”. Sus autores sabían exactamente que se enfrentaban a la muerte si eran descubiertos. La Pragmática de Toledo de 1502, a pesar de sus dos siglos establecía el control de la imprenta, la difusión de libros y escritos seguía vigente en las colonias americanas, prohibiendo cualquier escrito sin autorización real.

Portada de una Historia del Perú, ca.1616. Foto: Paul Getty Museum, Open content program.

En cabal expresión, son precursores del periodismo nacional, ya que intentaron crear círculos de opinión como traductores del verdadero sentimiento patrio. Escribían contra la opresión y la injusticia con inapreciable elocuencia, lo que de cierta manera indujo al pueblo a rebelarse.

Su libro “Nacionalismo y Coloniaje”, editado en 1944, forma parte de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, merecido homenaje a este ilustre cochabambino.

Si algún periodista o estudiante de comunicación no lo ha leído, ésta es la ocasión de hacerlo. Debiera ser texto obligado en Ciencia Política, Sociología y Comunicación Social.

LA TINTA MORAL

LA DICOTOMÍA

“Nacionalismo y Coloniaje”, rebela la dicotomía entre un nacionalismo y un colonialismo en las disputas políticas por el poder desde los inicios de la república que no hemos logrado superar hasta ahora.

Podríamos decir que se trata de la historia del periodismo político-partidista, más puntual, de un periodismo dicotómico siempre militante y muy próximo a las hegemonías del poder, distante de los verdaderos intereses de la mayoritaria colectividad, que se repite a diario, con mayor notoriedad en las últimas décadas, y por cuya causa periodistas y medios de comunicación social —hay que ser hidalgos en reconocer y reflexionar— somos objeto de cuestionamientos, acusaciones de falta de credibilidad, que los valores éticos y técnicos están desvalorizados y en mínimo sentido por la irrupción de las tecnologías que ha desorientado el rumbo del periodismo.

También es un homenaje aquel “periodismo patrio”, de pasquines y libelos, a las hojas volanteras, en algunos casos únicos manuscritos a falta de imprenta, que destacaron por su genuina vocación de servicio en el sentido más estricto de la palabra, al traslucir el espíritu autonomista, único interés político que derivaría en sentimientos de bolivianidad en 1825.

Montenegro dice que esos pasquines no solo eran reacciones momentáneas, sino gérmenes de la conciencia nacional, portadores de una memoria colectiva que conectaba el presente de la opresión con un futuro de emancipación.

No proclamaban intereses partidarios ni enconadas luchas por el poder más que el ansia de liberarse del colonialismo opresor como contenido ideal de aquella época. Identificaban a los enemigos de la libertad; corregidores, abusivos colectores de tributos, funcionarios reales, criollos colaboracionistas que eran denunciados directa o veladamente. Desde una óptica tradicional, los pasquines representan un testimonio de la voluntad moral de una sociedad que —lejos de caer en el caos revolucionario sin rumbo— buscaron restaurar un orden justo y legítimo frente al abuso y la corrupción.

Montenegro, en su diagnóstico, que los primeros pasquines no son expresiones anárquicas, sino intentos de reordenar la vida política sobre fundamentos éticos y comunitarios donde la lealtad al bien común prevalece sobre el privilegio colonial personalista. Fueron, en suma, los salmos insurgentes del pueblo, escritos sin tinta oficial, pero con tinta moral.

Cronológicamente hace un inventario de la aparición de esas hojas revolucionarias y de sus avances. El más antiguo de los pasquines ha debido ver la luz, posiblemente el 9 de enero de 1780 en La Paz denunciando los abusos del cobrador de aduanas, Bernardo Gallo.

La reprimenda, manteniendo su originalidad, decía; “si no quitan a Gallo de la aduana veberemos en su calabera… si salen en su defensa correrá sangre muera el mal gobierno”.

Probablemente se trata de un primer pasquín, iniciador de estas colosales publicaciones, aparecido tiempo antes de la sublevación de Tupac Amaru.

Otro manuscrito fechado el 4 de marzo de 1780 en La Paz. Hace votos porque “se acaba el Perú”. El caligrafiado contiene una frase insurreccional, que ningún otro documento político americano a inscrito ese tiempo; “Muera del Rey de España”.

Manifiesto de la revolucion de enero de 1875 en Cochabamba, Foto: Harvard College Library Imaging Services.
LOS DOCTORCITOS

Otro pasquín paceño apareció el 15 de marzo del mismo año, 11 días después otro más, “y uno más carente de fecha al día, notabilísimo por ser en realidad el primero de los periódicos gráficos publicados, hoy diríamos infografías.

Contiene tres ilustraciones dibujadas a tinta. El primer dibujo muestra a un hombre que cuelga en la horca con leyenda “el miserable Correjidor por consentidor”, el segundo, un gallo también colgado, con inscripción: “Parece mal, pero lo lleve el diablo”. La ilustración final exhibe dos hombres ahorcados en el mismo palo. “Estos son los Señores Ladrones oficiales Reales”.

Termina la ilustración con un letrero “Itros diestos segiran los qe son y los qe no son”, convocando a una acción insurreccional: “el dia 19 deeste mes el qe no defendiere a la patria mal le hira”.

En cabal expresión, son precursores del periodismo nacional, ya que intentaron crear círculos de opinión como traductores del verdadero sentimiento patrio. Escribían contra la opresión y la injusticia con inapreciable elocuencia, lo que de cierta manera indujo al pueblo a rebelarse.

Su libro “Nacionalismo y Coloniaje”, editado en 1944, forma parte de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, merecido homenaje a este ilustre cochabambino.

Si algún periodista o estudiante de comunicación no lo ha leído, ésta es la ocasión de hacerlo. Debiera ser texto obligado en Ciencia Política, Sociología y Comunicación Social.

LA DICOTOMÍA

“Nacionalismo y Coloniaje”, rebela la dicotomía entre un nacionalismo y un colonialismo en las disputas políticas por el poder desde los inicios de la república que no hemos logrado superar hasta ahora.

Podríamos decir que se trata de la historia del periodismo político-partidista, más puntual, de un periodismo dicotómico siempre militante y muy próximo a las hegemonías del poder, distante de los verdaderos intereses de la mayoritaria colectividad, que se repite a diario, con mayor notoriedad en las últimas décadas, y por cuya causa periodistas y medios de comunicación social —hay que ser hidalgos en reconocer y reflexionar— somos objeto de cuestionamientos, acusaciones de falta de credibilidad, que los valores éticos y técnicos están desvalorizados y en mínimo sentido por la irrupción de las tecnologías que ha desorientado el rumbo del periodismo.

También es un homenaje aquel “periodismo patrio”, de pasquines y libelos, a las hojas volanteras, en algunos casos únicos manuscritos a falta de imprenta, que destacaron por su genuina vocación de servicio en el sentido más estricto de la palabra, al traslucir el espíritu autonomista, único interés político que derivaría en sentimientos de bolivianidad en 1825.

Montenegro dice que esos pasquines no solo eran reacciones momentáneas, sino gérmenes de la conciencia nacional, portadores de una memoria colectiva que conectaba el presente de la opresión con un futuro de emancipación.

No proclamaban intereses partidarios ni enconadas luchas por el poder más que el ansia de liberarse del colonialismo opresor como contenido ideal de aquella época. Identificaban a los enemigos de la libertad; corregidores, abusivos colectores de tributos, funcionarios reales, criollos colaboracionistas que eran denunciados directa o veladamente. Desde una óptica tradicional, los pasquines representan un testimonio de la voluntad moral de una sociedad que —lejos de caer en el caos revolucionario sin rumbo— buscaron restaurar un orden justo y legítimo frente al abuso y la corrupción.

LA TINTA MORAL

Montenegro, en su diagnóstico, que los primeros pasquines no son expresiones anárquicas, sino intentos de reordenar la vida política sobre fundamentos éticos y comunitarios donde la lealtad al bien común prevalece sobre el privilegio colonial personalista. Fueron, en suma, los salmos insurgentes del pueblo, escritos sin tinta oficial, pero con tinta moral.

Cronológicamente hace un inventario de la aparición de esas hojas revolucionarias y de sus avances. El más antiguo de los pasquines ha debido ver la luz, posiblemente el 9 de enero de 1780 en La Paz denunciando los abusos del cobrador de aduanas, Bernardo Gallo.

La reprimenda, manteniendo su originalidad, decía; “si no quitan a Gallo de la aduana veberemos en su calabera… si salen en su defensa correrá sangre muera el mal gobierno”.

Probablemente se trata de un primer pasquín, iniciador de estas colosales publicaciones, aparecido tiempo antes de la sublevación de Tupac Amaru.

Otro manuscrito fechado el 4 de marzo de 1780 en La Paz. Hace votos porque “se acaba el Perú”. El caligrafiado contiene una frase insurreccional, que ningún otro documento político americano a inscrito ese tiempo; “Muera del Rey de España”.

Otro pasquín paceño apareció el 15 de marzo del mismo año, 11 días después otro más, “y uno más carente de fecha al día, notabilísimo por ser en realidad el primero de los periódicos gráficos publicados, hoy diríamos infografías.

Contiene tres ilustraciones dibujadas a tinta. El primer dibujo muestra a un hombre que cuelga en la horca con leyenda “el miserable Correjidor por consentidor”, el segundo, un gallo también colgado, con inscripción: “Parece mal, pero lo lleve el diablo”. La ilustración final exhibe dos hombres ahorcados en el mismo palo. “Estos son los Señores Ladrones oficiales Reales”.

Termina la ilustración con un letrero “Itros diestos segiran los qe son y los qe no son”, convocando a una acción insurreccional: “el dia 19 deeste mes el qe no defendiere a la patria mal le hira”.

OTROS PASQUINES

Ese mismo mes, marzo, se publica un pasquín subversivo sin data del día en Chuquisaca, escrito bajo la figura de romance, un tipo de poema narrativo revolucionario.

El primer pasquín en Cochabamba salió a la luz con fecha 6 de abril de 1780, escrito en tres ejemplares con idéntico texto. “Se trata casi de un tiraje extraordinario” e incluye sentido nativista al añadir en quechua: “maichica aucaichos”.

Oruro recurrió al manuscrito periodismo durante la sublevación de Tupac Amaru a finales de 1780 o comienzos de 1781. Se publican estos pasquines hasta la revolución de mayo en Chuquisaca, de Julio de 1809 en La Paz, Pedro Domingo Murillo, muere por esta causa al ser sentenciado como “papelista” junto a Carlos Torres.

Traslucen aquellos pasquines el verdadero sentido de servicio del periodismo, una de las primeras máximas sobre las que se asienta el periodismo antes que informar sobre acontecimientos relevantes en cualquier parte del mundo y sociedad, contribuyendo de esa manera a la formación de una opinión pública informada y crítica.

Por ese desinterés en cuestiones de hegemonías y lideratos, por evitar el poder por el simplón poder político partidario, Montenegro dijo que los pasquines representaban un “periodismo patrio”, contrariamente aquel periodismo que oficialmente se instituye el 6 de agosto de 1825, alejado de aquel periodismo pre-republicano de tono heroico, manuscrito y profundamente nacionalista en su espíritu colectivo.

Comenzarían aquel mismo día del nacimiento de la patria, las disputas entre “gacetilleros y condorinos” en alusión a quienes escribían en los dos primeros periódicos formalmente aparecidos; la Gaceta de Chuquisaca y el Cóndor de Bolivia, enfrentados por rivalidades y apetitos personales interesados en el poder, extraviados de la continuidad ética y cultural y con el espíritu de aquellas primeras publicaciones que sin ser periódicos hicieron un buen periodismo.

Portada de una Historia del Perú, ca.1616. Foto: Paul Getty Museum, Open content program.
LOS DOCTORCITOS

Los nuevos periódicos no son herederos de los pasquines insurgentes, sino una construcción burocrática, contaminado por intereses foráneos propio de los doctorcitos “carolineos” que antes de mirar la realidad nacional, se ocupaban de copiar idiosincrasias francesas, inglesas, sugestionando la continuidad de la praxis y política colonial.

Nombrando doctrinas políticas importadas hablaban de liberalismo, constitucionalismo, federalismo, sin atender a las raíces culturales e históricas del país.

En realidad, nacieron perdidos de la realidad nacional, alejados del pueblo, ya no representaban al colectivo popular, sino que se convierten en instrumentos de propaganda de los caudillos, las logias y las oligarquías, persiguiendo intereses personales.

Manifiesto de la revolucion de enero de 1875 en Cochabamba, Foto: Harvard College Library Imaging Services.

En resumen, Montenegro denuncia que la prensa se desnaturaliza en su nacimiento oficial, ya no es expresión del sentimiento nacional, sino instrumento del poder.

Lamenta —el autor— por la ruptura de un orden moral y orgánico que había comenzado a formarse en los años de lucha independentista. Los pasquines fueron formas rudimentarias, pero profundamente auténticas y comunitarias, que respondían a la estructura social de la época, arraigada, rural identitaria.

LA VERDAD MORAL

La nueva prensa o periodismo que se estrenaba se asocia a un cosmopolitismo superficial de las élites urbanas, promueve debates desligados del interés común o del destino nacional, sustituyendo la virtud pública por el discurso partidario.

La imprenta, que podría haber sido instrumento de liberación, aparece como instrumento de alienación cultural. El periodista republicano se convierte en “copista”, no en “intérprete” del alma nacional.

La prensa deja de ser vehículo de comunicación colectiva y se convierte en tribuna personal o facciosa.

Los pasquines manuscritos son mucho más que curiosidades marginales. Son: un medio de comunicación política embrionario, un reflejo directo del descontento popular, un mecanismo de construcción simbólica del “nosotros frente al ellos”, ante todo fueron un preludio ideológico, 45 años antes de 1825, del nacionalismo que más tarde Montenegro celebraría como matriz de la nueva república.

En el fondo, Carlos Montenegro advierte que el periodismo puede servir a la nación o puede sustituirla.

Cuando el periodismo olvida su deber de representar la verdad moral del pueblo, se convierte en un arma al servicio de la ambición.

Desde una perspectiva reflexiva, esto implica la necesidad de recuperar el vínculo entre el periodismo y la comunidad, la lealtad a los valores históricos, la recuperación de la vocación moral y pedagógica del periodismo, no sólo su función informativa, sino su carácter de servicio.

IMPRENTA COLONIAL

“La imprenta colonial en América fue una herramienta crucial para la evangelización, la administración y la difusión de la cultura, introducida en México por Juan Pablos en la década de 1530 y expandiéndose a Perú (con los jesuitas) y otras regiones, enfrentando la censura de la Corona pero vital para imprimir catecismos, diccionarios y propaganda, sentando bases para la Ilustración y la Independencia, con «El Historiador mencionando su papel en la difusión de ideas y la propaganda independentista, como en el caso de las imprentas volantes”. (IA)

En cabal expresión, son precursores del periodismo nacional, ya que intentaron crear círculos de opinión como traductores del verdadero sentimiento patrio. Escribían contra la opresión y la injusticia con inapreciable elocuencia, lo que de cierta manera indujo al pueblo a rebelarse.

Su libro “Nacionalismo y Coloniaje”, editado en 1944, forma parte de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, merecido homenaje a este ilustre cochabambino.

Si algún periodista o estudiante de comunicación no lo ha leído, ésta es la ocasión de hacerlo. Debiera ser texto obligado en Ciencia Política, Sociología y Comunicación Social.

LA TINTA MORAL
Portada de una Historia del Perú, ca.1616. Foto: Paul Getty Museum, Open content program.

LA DICOTOMÍA

“Nacionalismo y Coloniaje”, rebela la dicotomía entre un nacionalismo y un colonialismo en las disputas políticas por el poder desde los inicios de la república que no hemos logrado superar hasta ahora.

Podríamos decir que se trata de la historia del periodismo político-partidista, más puntual, de un periodismo dicotómico siempre militante y muy próximo a las hegemonías del poder, distante de los verdaderos intereses de la mayoritaria colectividad, que se repite a diario, con mayor notoriedad en las últimas décadas, y por cuya causa periodistas y medios de comunicación social —hay que ser hidalgos en reconocer y reflexionar— somos objeto de cuestionamientos, acusaciones de falta de credibilidad, que los valores éticos y técnicos están desvalorizados y en mínimo sentido por la irrupción de las tecnologías que ha desorientado el rumbo del periodismo.

También es un homenaje aquel “periodismo patrio”, de pasquines y libelos, a las hojas volanteras, en algunos casos únicos manuscritos a falta de imprenta, que destacaron por su genuina vocación de servicio en el sentido más estricto de la palabra, al traslucir el espíritu autonomista, único interés político que derivaría en sentimientos de bolivianidad en 1825.

Montenegro dice que esos pasquines no solo eran reacciones momentáneas, sino gérmenes de la conciencia nacional, portadores de una memoria colectiva que conectaba el presente de la opresión con un futuro de emancipación.

No proclamaban intereses partidarios ni enconadas luchas por el poder más que el ansia de liberarse del colonialismo opresor como contenido ideal de aquella época. Identificaban a los enemigos de la libertad; corregidores, abusivos colectores de tributos, funcionarios reales, criollos colaboracionistas que eran denunciados directa o veladamente. Desde una óptica tradicional, los pasquines representan un testimonio de la voluntad moral de una sociedad que —lejos de caer en el caos revolucionario sin rumbo— buscaron restaurar un orden justo y legítimo frente al abuso y la corrupción.

Montenegro, en su diagnóstico, que los primeros pasquines no son expresiones anárquicas, sino intentos de reordenar la vida política sobre fundamentos éticos y comunitarios donde la lealtad al bien común prevalece sobre el privilegio colonial personalista. Fueron, en suma, los salmos insurgentes del pueblo, escritos sin tinta oficial, pero con tinta moral.

Cronológicamente hace un inventario de la aparición de esas hojas revolucionarias y de sus avances. El más antiguo de los pasquines ha debido ver la luz, posiblemente el 9 de enero de 1780 en La Paz denunciando los abusos del cobrador de aduanas, Bernardo Gallo.

La reprimenda, manteniendo su originalidad, decía; “si no quitan a Gallo de la aduana veberemos en su calabera… si salen en su defensa correrá sangre muera el mal gobierno”.

Probablemente se trata de un primer pasquín, iniciador de estas colosales publicaciones, aparecido tiempo antes de la sublevación de Tupac Amaru.

Otro manuscrito fechado el 4 de marzo de 1780 en La Paz. Hace votos porque “se acaba el Perú”. El caligrafiado contiene una frase insurreccional, que ningún otro documento político americano a inscrito ese tiempo; “Muera del Rey de España”.

Otro pasquín paceño apareció el 15 de marzo del mismo año, 11 días después otro más, “y uno más carente de fecha al día, notabilísimo por ser en realidad el primero de los periódicos gráficos publicados, hoy diríamos infografías.

Contiene tres ilustraciones dibujadas a tinta. El primer dibujo muestra a un hombre que cuelga en la horca con leyenda “el miserable Correjidor por consentidor”, el segundo, un gallo también colgado, con inscripción: “Parece mal, pero lo lleve el diablo”. La ilustración final exhibe dos hombres ahorcados en el mismo palo. “Estos son los Señores Ladrones oficiales Reales”.

Termina la ilustración con un letrero “Itros diestos segiran los qe son y los qe no son”, convocando a una acción insurreccional: “el dia 19 deeste mes el qe no defendiere a la patria mal le hira”.

LOS DOCTORCITOS
Manifiesto de la revolucion de enero de 1875 en Cochabamba, Foto: Harvard College Library Imaging Services.

OTROS PASQUINES

Ese mismo mes, marzo, se publica un pasquín subversivo sin data del día en Chuquisaca, escrito bajo la figura de romance, un tipo de poema narrativo revolucionario.

El primer pasquín en Cochabamba salió a la luz con fecha 6 de abril de 1780, escrito en tres ejemplares con idéntico texto. “Se trata casi de un tiraje extraordinario” e incluye sentido nativista al añadir en quechua: “maichica aucaichos”.

Oruro recurrió al manuscrito periodismo durante la sublevación de Tupac Amaru a finales de 1780 o comienzos de 1781. Se publican estos pasquines hasta la revolución de mayo en Chuquisaca, de Julio de 1809 en La Paz, Pedro Domingo Murillo, muere por esta causa al ser sentenciado como “papelista” junto a Carlos Torres.

Traslucen aquellos pasquines el verdadero sentido de servicio del periodismo, una de las primeras máximas sobre las que se asienta el periodismo antes que informar sobre acontecimientos relevantes en cualquier parte del mundo y sociedad, contribuyendo de esa manera a la formación de una opinión pública informada y crítica.

Por ese desinterés en cuestiones de hegemonías y lideratos, por evitar el poder por el simplón poder político partidario, Montenegro dijo que los pasquines representaban un “periodismo patrio”, contrariamente aquel periodismo que oficialmente se instituye el 6 de agosto de 1825, alejado de aquel periodismo pre-republicano de tono heroico, manuscrito y profundamente nacionalista en su espíritu colectivo.

Comenzarían aquel mismo día del nacimiento de la patria, las disputas entre “gacetilleros y condorinos” en alusión a quienes escribían en los dos primeros periódicos formalmente aparecidos; la Gaceta de Chuquisaca y el Cóndor de Bolivia, enfrentados por rivalidades y apetitos personales interesados en el poder, extraviados de la continuidad ética y cultural y con el espíritu de aquellas primeras publicaciones que sin ser periódicos hicieron un buen periodismo.

Portada de una Historia del Perú, ca.1616. Foto: Paul Getty Museum, Open content program.
LA TINTA MORAL

En cabal expresión, son precursores del periodismo nacional, ya que intentaron crear círculos de opinión como traductores del verdadero sentimiento patrio. Escribían contra la opresión y la injusticia con inapreciable elocuencia, lo que de cierta manera indujo al pueblo a rebelarse.

Su libro “Nacionalismo y Coloniaje”, editado en 1944, forma parte de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, merecido homenaje a este ilustre cochabambino.

Si algún periodista o estudiante de comunicación no lo ha leído, ésta es la ocasión de hacerlo. Debiera ser texto obligado en Ciencia Política, Sociología y Comunicación Social.

LOS DOCTORCITOS
Manifiesto de la revolucion de enero de 1875 en Cochabamba, Foto: Harvard College Library Imaging Services.

LA DICOTOMÍA

“Nacionalismo y Coloniaje”, rebela la dicotomía entre un nacionalismo y un colonialismo en las disputas políticas por el poder desde los inicios de la república que no hemos logrado superar hasta ahora.

Podríamos decir que se trata de la historia del periodismo político-partidista, más puntual, de un periodismo dicotómico siempre militante y muy próximo a las hegemonías del poder, distante de los verdaderos intereses de la mayoritaria colectividad, que se repite a diario, con mayor notoriedad en las últimas décadas, y por cuya causa periodistas y medios de comunicación social —hay que ser hidalgos en reconocer y reflexionar— somos objeto de cuestionamientos, acusaciones de falta de credibilidad, que los valores éticos y técnicos están desvalorizados y en mínimo sentido por la irrupción de las tecnologías que ha desorientado el rumbo del periodismo.

También es un homenaje aquel “periodismo patrio”, de pasquines y libelos, a las hojas volanteras, en algunos casos únicos manuscritos a falta de imprenta, que destacaron por su genuina vocación de servicio en el sentido más estricto de la palabra, al traslucir el espíritu autonomista, único interés político que derivaría en sentimientos de bolivianidad en 1825.

Montenegro dice que esos pasquines no solo eran reacciones momentáneas, sino gérmenes de la conciencia nacional, portadores de una memoria colectiva que conectaba el presente de la opresión con un futuro de emancipación.

No proclamaban intereses partidarios ni enconadas luchas por el poder más que el ansia de liberarse del colonialismo opresor como contenido ideal de aquella época. Identificaban a los enemigos de la libertad; corregidores, abusivos colectores de tributos, funcionarios reales, criollos colaboracionistas que eran denunciados directa o veladamente. Desde una óptica tradicional, los pasquines representan un testimonio de la voluntad moral de una sociedad que —lejos de caer en el caos revolucionario sin rumbo— buscaron restaurar un orden justo y legítimo frente al abuso y la corrupción.

Portada de una Historia del Perú, ca.1616. Foto: Paul Getty Museum, Open content program.
Manifiesto de la revolucion de enero de 1875 en Cochabamba, Foto: Harvard College Library Imaging Services.
LA TINTA MORAL
Portada de una Historia del Perú, ca.1616. Foto: Paul Getty Museum, Open content program.

En cabal expresión, son precursores del periodismo nacional, ya que intentaron crear círculos de opinión como traductores del verdadero sentimiento patrio. Escribían contra la opresión y la injusticia con inapreciable elocuencia, lo que de cierta manera indujo al pueblo a rebelarse.

Su libro “Nacionalismo y Coloniaje”, editado en 1944, forma parte de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, merecido homenaje a este ilustre cochabambino.

Si algún periodista o estudiante de comunicación no lo ha leído, ésta es la ocasión de hacerlo. Debiera ser texto obligado en Ciencia Política, Sociología y Comunicación Social.

LA DICOTOMÍA

“Nacionalismo y Coloniaje”, rebela la dicotomía entre un nacionalismo y un colonialismo en las disputas políticas por el poder desde los inicios de la república que no hemos logrado superar hasta ahora.

Podríamos decir que se trata de la historia del periodismo político-partidista, más puntual, de un periodismo dicotómico siempre militante y muy próximo a las hegemonías del poder, distante de los verdaderos intereses de la mayoritaria colectividad, que se repite a diario, con mayor notoriedad en las últimas décadas, y por cuya causa periodistas y medios de comunicación social —hay que ser hidalgos en reconocer y reflexionar— somos objeto de cuestionamientos, acusaciones de falta de credibilidad, que los valores éticos y técnicos están desvalorizados y en mínimo sentido por la irrupción de las tecnologías que ha desorientado el rumbo del periodismo.

También es un homenaje aquel “periodismo patrio”, de pasquines y libelos, a las hojas volanteras, en algunos casos únicos manuscritos a falta de imprenta, que destacaron por su genuina vocación de servicio en el sentido más estricto de la palabra, al traslucir el espíritu autonomista, único interés político que derivaría en sentimientos de bolivianidad en 1825.

. Redacción:
Jaime D Mare C

Periodista e Investigador. Desarrolló el periodismo por más de 40 años en medios escritos locales y nacionales. Actualmente colabora con la Revista TEMAScbba

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