Cuando el alemán Johannes Gutenberg, inventó la imprenta con tipografía metálica móvil en 1450 y lanzó las primeras hojas escritas en PRENSA, pensó que su maravillosa obra debía servir para INFORMAR, EDUCAR Y ENTRETENER.
En los siglos venideros, la imprenta cumplió los roles soñados por Gutenberg con la edición de una de las primeras biblias del catolicismo y después muchos textos contando historias épicas e historietas de humor.
A partir de la década de los 80 del siglo XX, la imprenta experimentó cambios mecánicos y tecnológicos modificando la naturaleza y comportamiento de la producción intelectual, determinando a posteriori una paulatina extinción de los medios escritos y por —supuesto— su capacidad de influencia en el público lector.
El periodismo escrito SE VIO OBLIGADO a dar un salto cualitativo y cuántico aceptando las nuevas tecnologías de Inteligencia Artificial, una revolucionaria herramienta que llegó para quedarse en forma definitiva como ocurrió con el Internet.
Un texto impreso, hoy se lee, se ve y se escucha en modo audiovisual en tiempo real en un dispositivo móvil dotado de tecnología inteligente artificial (la llamaré TIA) que en los hechos significa la primera revolución global transversal que atrapó a la humanidad en una sola matriz.
El celular inteligente dotado de múltiples aplicaciones está en manos de hombres y mujeres de todas las edades, sin distinción de ideologías, credos religiosos y culturas.
El nuevo ámbito de comunicación global también determina cambios de paradigmas en el periodismo profesional donde la ética se difumina con estereotipos superficiales predominando la improvisación por la confusión de géneros periodísticos tradicionales. Un comunicador hoy es versátil y polivalente, es presentador de noticias, opinador y publicista al mismo tiempo.



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