No es importante mucho menos necesario realizar estudios serios y objetivos para comprender los problemas coyunturales sobre los problemas que se van generando en nuestro país, el continente y el planeta.
Lamentablemente ellos nos empujan hacia el hábito no deseable de observar actitudes increíblemente rastreras y de vergonzante alineamiento de gran parte de los presidentes latinoamericanos a las grotescas políticas de agresión e invasión del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica.
El viejo y decadente hegemón, somete a países soberanos e independientes como la República Bolivariana de Venezuela y el secuestro delincuencial a sangre y fuego de su presidente Nicolás Maduro, con un triunfalismo enfermizo y el desprecio más olímpico a la legalidad y el Derecho Internacional.
Sensiblemente existe una dolorosa ausencia de actitud solidaria y de una digna posición condenatoria de los países hermanos a semejante despropósito y vileza, a excepción de Colombia, Cuba, Nicaragua, Brasil y México.
EE. UU., ha desatado una guerra con impredecibles consecuencias y un impacto global no solo por los efectos destructivos que ya tiene en ambos bandos, sino por los riesgos que conlleva y que pueden devenir en altísimos costos para el mundo.
La insensatez, tanto del sionismo genocida como por el imperialismo asaltante del norte, alimentan las brasas del conflicto bélico del modo más deshonesto; cuando lo aconsejable es buscar y garantizar los mecanismos de la paz en base de los derechos tanto del pueblo iraní como el de Palestina.
En tales circunstancias, en las que la negatividad y el desastre son tan evidentes, con el riesgo de una escalada que puede arrastrar el empleo de armas no convencionales, de destrucción masiva como los misiles balísticos y otras con ojivas nucleares del que nadie saldrá ganando.
Es en estas condiciones que los presidentes de doce países latinoamericanos, entre ellos el nuestro, el de Bolivia, corrieron al llamado de Trump para asistir a una cumbre denominada Escudo de las Américas y engullir, de entrada, la ofensa del energúmeno anfitrión que no tuvo ningún reparo para calificar al español “idioma maldito”, un exabrupto que festejaron los bellacos con una inconfundible risa de estólidos sometidos.
El propósito de Trump era escapar de las condiciones, cada vez peores, en las que se encuentra para, sin lugar a duda, mejorar y fortalecer de alguna manera su estrategia guerrerista al objeto de distraer a la opinión pública de su país de los conflictos internos.
A los conflictos de carácter económico, social, político y judicial que lo van acorralando de manera creciente por su incapacidad, soberbia, peligrosa senilidad; exacerbado egocentrismo y compulsiva mitomanía, se suman los problemas financieros que siguen aumentando en su país.
Hay una pésima administración de la Federación, cuyos Estados, se encuentran en franca rebeldía ante las decisiones y acciones dictatoriales que asume el presidente. Como ningún otro gobierno estadounidense tiene en su haber numerosos muertos en represiones violentas a su pueblo y todo en nombre de la democracia.
Su gobierno roba el petróleo de Venezuela e Irán, reprime a los ciudadanos norteamericanos y descargar su odio discriminador y racista entre los latinoamericanos, empleando a pesar de sus connotaciones antiéticas, la guerra.
Y para distraer la atención pública de los tenebrosos informes Epstein sobre su conducta pederasta y de pedofilia que arrastra consigo por el abuso a menores y escapar de la acción de la justicia, antepone la guerra.
Otros delitos, como enriquecimiento ilícito, evasión millonaria de pago de impuestos y una cadena de hechos de corrupción delinean la figura de Donald Trump ante el que fueron a bajarse los pantalones Rodrigo Paz y otros capitaneados por el orate Miley.
La decadencia del presidente Trump en el ejercicio político es tal que va cayendo por una sima tenebrosamente oscura y profunda.
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Roberto Valdiviezo
Escritor y filósofo, colaborador de TEMAScbba.



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