CIUDAD COLONIAL DE TOTORA, Foto: https://www.facebook.com/totora95/photos
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Síntesis divina entre luz, pureza, flores, velas, tules, rosquetes, lamp’aqanas, chirimoyas, maní, caña. Corpus Christi, es una de las festividades más grandes de la Iglesia Católica. Se celebra el Cuerpo de Cristo, cuya simbología es la luz y el color blanco que significa pureza.
Rosa Elena Novillo Gómez
29 de mayo de 2024
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CELEBRACIÓN DE CORPUS CHRISTI EN TOTORA

En la primera mitad del siglo XX, la celebración de Corpus Christi, en la ciudad colonial de Totora del departamento de Cochabamba, supone otra de las fiestas importantes que tuvo arraigo y aceptación entre los habitantes. El totoreño/a era muy respetuoso de las tradiciones y costumbres de carácter religioso y civil que había heredado de sus antepasados.

La población con anticipación se ponía en movimiento para aprovisionarse de todos los elementos necesarios para el arreglo de los 5 monumentos que adornaban la plaza Ladislao Cabrera y el Altar o Monumento principal en el interior del templo, al mismo tiempo acopiar los productos alimenticios que llegaban de Omereque, Mizque, Pocona y de los valles mesotérmicos de Santa Cruz.

Rito religioso y vendedoras acompañaban la celebración del Cuerpo y Sangre de Cristo fundiéndose en espectacular simbiosis, reflejado a través del blanco de los altares y los alimentos expuestos con gracia e ingenio.

Altar en una esquina de la plaza de Torora, Foto: Radio Colonial Totora

INSTALACIÓN DE ALTARES O MONUMENTOS

El arreglo e instalación de los monumentos constituía el punto central de la celebración, pues congregaba a protagonistas y curiosos que se apostaban desde tempranas horas, para observar cómo tomaban cuerpo los altares gigantes en cada esquina de las galerías de la plaza.

En principio se acumulaba el material a utilizar, junto a los ornamentos para la gran empresa: finos biombos, mesa rectangular, mesitas auxiliares de bronce o madera con placas de mármol o espejos italianos, candelabros de bronce plata o cristal de roca, lámparas, floreros de fina porcelana de origen chino o italiano, esquineros y maceteros de fina madera, manteles blancos finamente bordados , colchas bordadas para cerrar los espacios, seda, terciopelo y tules, alfombras de Persia, velas, flores blancas con preferencia la ilusión, el nardo y la flor nativa de la temporada llamada “llave t’ica” o flor de llave, incienso, cuetes, braseros, cojín de terciopelo, cuadros e imágenes alusivas a Corpus Christie.

Con todos estos elementos, iban dando forma a altares fantásticos que irradiaban espiritualidad mediante los recursos usados para tal efecto. La luz se lograba mediante la iluminación de las velas, la pureza a través de las flores, manteles, tules, sedas. Las sedas y tules envolvían graciosamente los maceteros, las columnas y pilares de la galería, tules colgando desde el cielo raso en forma de ondas; arreglos florales que expresan la veneración que merece el altar, las flores silvestres adornaban las columnas, pilares y el piso que estaba cubierto de alfombras, la mesa primorosamente adornada y acondicionada para recibir el Santísimo Sacramento.

CELEBRACION CENTRAL DE LA FIESTA

El Altar Mayor de la Iglesia de San Salvador, era también motivo de preocupación de parte de las señoras devotas y el párroco; el arreglo y decorado se realizaba en la víspera con mucha imaginación y creatividad logrando un impacto visual de carácter espiritual.

A horas 10:00 comenzaba la Santa Misa, que se celebraba junto al Altar Mayor, con asistencia de las autoridades, los escolares y el pueblo en general ataviados con sus mejores vestiduras. Posteriormente se realizaba la procesión del Santísimo expuesto en una Custodia de oro, que era llevada con mucho misticismo por el sacerdote que vestía las mejoras galas diseñadas para la ocasión, como el alba de color blanco, la casulla bordada con hilos de plata, la capa pluvial con hermosos bordados, la estola y el paño humeral para coger la Custodia, el color predominante era el blanco porque simboliza la pureza y la resurrección de Cristo.

El Palio era otro elemento importante confeccionado con tapiz de damasco, sujeto por 6 columnas de aluminio cromado, que protegía al Santísimo durante el recorrido, el cual era llevado por las autoridades y caballeros que sobresalían por su educación y moral; acompañada de oraciones, canticos, cuetes y campanas a rebato e incienso que inundaba el ambiente con el humo oloroso y que simboliza la oración a Dios y que es signo de alabanza.

El humo que despedía tanto de los altares como del turíbulo o incensario que cuelga de 4 cadenas de un metro de longitud, para que pueda balancearse de un lado a otro; la naveta, el recipiente que contiene el incienso y una cucharilla, el acetre que es el recipiente que contiene el agua bendita, el hisopo que sirve para rociar con el agua bendita durante la bendición. La procesión recorría las 4 esquinas en las que se hallaban los monumentos y terminar el recorrido en el atrio del Templo junto a otro altar imponente.

La luz, que era representada por las velas y lámparas, el blanco por las flores, los tules, las sedas y la vestidura del sacerdote, los rosquetes las lamp’aqanas, el pan de leche, el maní, el q’upuru, la chirimoya; se complementaba con la primera comunión que realizaban las niñas vestidas de blanco, con coronas, una vela decorada muy coquetamente, el librito de oraciones, el Santo Rosario, los guantes, las estampitas etc. reforzaban el carácter festivo de la celebración y la presencia de los ángeles.

Sin embargo, ahora se ha generalizado la elaboración de alfombras florales con motivos de Corpus Christi por los estudiantes de las unidades educativas.

VENDEDORAS ATAVIADAS DE BLANCO SE CONFUNDEN CON LOS ALTARES

Entre medio de los altares que se encuentran en las 4 esquinas de la plaza, las vendedoras que son generalmente jóvenes cholitas muy elegantes se acomodan en los espacios conjugando alegremente con el entorno.

Haciendo gala de su entusiasmo y habilidad para exponer sus productos en grandes canastos redondos los exquisitos rosquetes de textura muy suave a base de huevo, las lamp’aqanas con dulce de lacayote o dulce de leche bañadas con almíbar blanco elaborado con pulla pulla que es una planta silvestre de raíz bulbosa, blanco lechoso; sobre mesitas cubiertos con manteles blancos acondicionadas al momento espiritual que se vive, junto a otros productos como la chirimoya, la naranja, la mandarina, el pacay, maní, la caña, la k’isa de durazno con formas de guaguas que es la atracción de los niños/as, q’upuru tostado de frejol blanco albo muy nutritivo de forma redonda, el pan de leche con figuras alusivas al momento y chambergos.

Con todos estos elementos la plaza que es una joya arquitectónica adquiría una magia especial en que se combinaba el mundo espiritual con el mundo material en perfecta armonía.

COMIDA PREPARADA PARA LA OCASIÓN

Los alimentos destinados para el consumo en el día especial dedicado a celebrar el Cuerpo de Cristo, era la carne de res, cordero, conejo cuis, maní y verduras que eran la base para preparar el almuerzo que consistía en un caldo de maní, o la ch’anqa a base de papa runa a martajado en batán con cordero, huevos quebrados, verduras, habas, arveja y cebolla verde finamente cortada que se agrega al final a tiempo de sacar del fogón; o ch’aqe de quinua combinado con maní o el picado de papa runa, con cordero y huevo. Todos estos platillos preparados exquisitamente tenían como característica el color blanco relacionado con la Hostia, el cuerpo de Cristo.

Por la tarde la comida consistía en una chhanqa de conejo sazonado con especias, habas, cebolla verde, papa redonda, o en su defecto un lampreado, cordero al horno o asado acompañado con la infaltable llajua, aderezo molido de puro locoto verde con killkiña y cebollitas tiernas finamente picadas como adorno. Como bebida la famosa chicha de maíz amarillo, que mandaban a elaborar especialmente para la fiesta.

Por otra parte, las personas comenzaban a consumir desde la mañana al atardecer los rosquetes y lamp’aqanas, fruta, caña, maní, etc. jugando y compartiendo con la familia, dando gracias a Dios por los productos proporcionados en la mesa. Servirse la caña o la fruta era todo un acontecimiento que giraba alrededor de la mama’ y el papa’ sentados en el patio principal, el cual era acondicionado para pasar un momento festivo y simpático.

Delicias de la Celebración en Totora: Foto: Gonzalo Camacho, Casa Museo Aiquile

INSTALACIÓN DE ALTARES O MONUMENTOS

El arreglo e instalación de los monumentos constituía el punto central de la celebración, pues congregaba a protagonistas y curiosos que se apostaban desde tempranas horas, para observar cómo tomaban cuerpo los altares gigantes en cada esquina de las galerías de la plaza.

En principio se acumulaba el material a utilizar, junto a los ornamentos para la gran empresa: finos biombos, mesa rectangular, mesitas auxiliares de bronce o madera con placas de mármol o espejos italianos, candelabros de bronce plata o cristal de roca, lámparas, floreros de fina porcelana de origen chino o italiano, esquineros y maceteros de fina madera, manteles blancos finamente bordados , colchas bordadas para cerrar los espacios, seda, terciopelo y tules, alfombras de Persia, velas, flores blancas con preferencia la ilusión, el nardo y la flor nativa de la temporada llamada “llave t’ica” o flor de llave, incienso, cuetes, braseros, cojín de terciopelo, cuadros e imágenes alusivas a Corpus Christie.

Con todos estos elementos, iban dando forma a altares fantásticos que irradiaban espiritualidad mediante los recursos usados para tal efecto. La luz se lograba mediante la iluminación de las velas, la pureza a través de las flores, manteles, tules, sedas. Las sedas y tules envolvían graciosamente los maceteros, las columnas y pilares de la galería, tules colgando desde el cielo raso en forma de ondas; arreglos florales que expresan la veneración que merece el altar, las flores silvestres adornaban las columnas, pilares y el piso que estaba cubierto de alfombras, la mesa primorosamente adornada y acondicionada para recibir el Santísimo Sacramento.

El Altar Mayor de la Iglesia de San Salvador, era también motivo de preocupación de parte de las señoras devotas y el párroco; el arreglo y decorado se realizaba en la víspera con mucha imaginación y creatividad logrando un impacto visual de carácter espiritual.

A horas 10:00 comenzaba la Santa Misa, que se celebraba junto al Altar Mayor, con asistencia de las autoridades, los escolares y el pueblo en general ataviados con sus mejores vestiduras. Posteriormente se realizaba la procesión del Santísimo expuesto en una Custodia de oro, que era llevada con mucho misticismo por el sacerdote que vestía las mejoras galas diseñadas para la ocasión, como el alba de color blanco, la casulla bordada con hilos de plata, la capa pluvial con hermosos bordados, la estola y el paño humeral para coger la Custodia, el color predominante era el blanco porque simboliza la pureza y la resurrección de Cristo.

El Palio era otro elemento importante confeccionado con tapiz de damasco, sujeto por 6 columnas de aluminio cromado, que protegía al Santísimo durante el recorrido, el cual era llevado por las autoridades y caballeros que sobresalían por su educación y moral; acompañada de oraciones, canticos, cuetes y campanas a rebato e incienso que inundaba el ambiente con el humo oloroso y que simboliza la oración a Dios y que es signo de alabanza.

El humo que despedía tanto de los altares como del turíbulo o incensario que cuelga de 4 cadenas de un metro de longitud, para que pueda balancearse de un lado a otro; la naveta, el recipiente que contiene el incienso y una cucharilla, el acetre que es el recipiente que contiene el agua bendita, el hisopo que sirve para rociar con el agua bendita durante la bendición. La procesión recorría las 4 esquinas en las que se hallaban los monumentos y terminar el recorrido en el atrio del Templo junto a otro altar imponente.

La luz, que era representada por las velas y lámparas, el blanco por las flores, los tules, las sedas y la vestidura del sacerdote, los rosquetes las lamp’aqanas, el pan de leche, el maní, el q’upuru, la chirimoya; se complementaba con la primera comunión que realizaban las niñas vestidas de blanco, con coronas, una vela decorada muy coquetamente, el librito de oraciones, el Santo Rosario, los guantes, las estampitas etc. reforzaban el carácter festivo de la celebración y la presencia de los ángeles.

Sin embargo, ahora se ha generalizado la elaboración de alfombras florales con motivos de Corpus Christi por los estudiantes de las unidades educativas.

VENDEDORAS ATAVIADAS DE BLANCO SE CONFUNDEN CON LOS ALTARES

Entre medio de los altares que se encuentran en las 4 esquinas de la plaza, las vendedoras que son generalmente jóvenes cholitas muy elegantes se acomodan en los espacios conjugando alegremente con el entorno.

Haciendo gala de su entusiasmo y habilidad para exponer sus productos en grandes canastos redondos los exquisitos rosquetes de textura muy suave a base de huevo, las lamp’aqanas con dulce de lacayote o dulce de leche bañadas con almíbar blanco elaborado con pulla pulla que es una planta silvestre de raíz bulbosa, blanco lechoso; sobre mesitas cubiertos con manteles blancos acondicionadas al momento espiritual que se vive, junto a otros productos como la chirimoya, la naranja, la mandarina, el pacay, maní, la caña, la k’isa de durazno con formas de guaguas que es la atracción de los niños/as, q’upuru tostado de frejol blanco albo muy nutritivo de forma redonda, el pan de leche con figuras alusivas al momento y chambergos.

Con todos estos elementos la plaza que es una joya arquitectónica adquiría una magia especial en que se combinaba el mundo espiritual con el mundo material en perfecta armonía.

CELEBRACION CENTRAL DE LA FIESTA

COMIDA PREPARADA PARA LA OCASIÓN

Los alimentos destinados para el consumo en el día especial dedicado a celebrar el Cuerpo de Cristo, era la carne de res, cordero, conejo cuis, maní y verduras que eran la base para preparar el almuerzo que consistía en un caldo de maní, o la ch’anqa a base de papa runa a martajado en batán con cordero, huevos quebrados, verduras, habas, arveja y cebolla verde finamente cortada que se agrega al final a tiempo de sacar del fogón; o ch’aqe de quinua combinado con maní o el picado de papa runa, con cordero y huevo. Todos estos platillos preparados exquisitamente tenían como característica el color blanco relacionado con la Hostia, el cuerpo de Cristo.

Por la tarde la comida consistía en una chhanqa de conejo sazonado con especias, habas, cebolla verde, papa redonda, o en su defecto un lampreado, cordero al horno o asado acompañado con la infaltable llajua, aderezo molido de puro locoto verde con killkiña y cebollitas tiernas finamente picadas como adorno. Como bebida la famosa chicha de maíz amarillo, que mandaban a elaborar especialmente para la fiesta.

Por otra parte, las personas comenzaban a consumir desde la mañana al atardecer los rosquetes y lamp’aqanas, fruta, caña, maní, etc. jugando y compartiendo con la familia, dando gracias a Dios por los productos proporcionados en la mesa. Servirse la caña o la fruta era todo un acontecimiento que giraba alrededor de la mama’ y el papa’ sentados en el patio principal, el cual era acondicionado para pasar un momento festivo y simpático.

Altar en una esquina de la plaza de Torora, Foto: Radio Colonial Totora
Delicias de la Celebración en Totora: Foto: Gonzalo Camacho, Casa Museo Aiquile

INSTALACIÓN DE ALTARES O MONUMENTOS

El arreglo e instalación de los monumentos constituía el punto central de la celebración, pues congregaba a protagonistas y curiosos que se apostaban desde tempranas horas, para observar cómo tomaban cuerpo los altares gigantes en cada esquina de las galerías de la plaza.

En principio se acumulaba el material a utilizar, junto a los ornamentos para la gran empresa: finos biombos, mesa rectangular, mesitas auxiliares de bronce o madera con placas de mármol o espejos italianos, candelabros de bronce plata o cristal de roca, lámparas, floreros de fina porcelana de origen chino o italiano, esquineros y maceteros de fina madera, manteles blancos finamente bordados , colchas bordadas para cerrar los espacios, seda, terciopelo y tules, alfombras de Persia, velas, flores blancas con preferencia la ilusión, el nardo y la flor nativa de la temporada llamada “llave t’ica” o flor de llave, incienso, cuetes, braseros, cojín de terciopelo, cuadros e imágenes alusivas a Corpus Christie.

Con todos estos elementos, iban dando forma a altares fantásticos que irradiaban espiritualidad mediante los recursos usados para tal efecto. La luz se lograba mediante la iluminación de las velas, la pureza a través de las flores, manteles, tules, sedas. Las sedas y tules envolvían graciosamente los maceteros, las columnas y pilares de la galería, tules colgando desde el cielo raso en forma de ondas; arreglos florales que expresan la veneración que merece el altar, las flores silvestres adornaban las columnas, pilares y el piso que estaba cubierto de alfombras, la mesa primorosamente adornada y acondicionada para recibir el Santísimo Sacramento.

CELEBRACION CENTRAL DE LA FIESTA
Altar en una esquina de la plaza de Torora, Foto: Radio Colonial Totora

El Altar Mayor de la Iglesia de San Salvador, era también motivo de preocupación de parte de las señoras devotas y el párroco; el arreglo y decorado se realizaba en la víspera con mucha imaginación y creatividad logrando un impacto visual de carácter espiritual.

A horas 10:00 comenzaba la Santa Misa, que se celebraba junto al Altar Mayor, con asistencia de las autoridades, los escolares y el pueblo en general ataviados con sus mejores vestiduras. Posteriormente se realizaba la procesión del Santísimo expuesto en una Custodia de oro, que era llevada con mucho misticismo por el sacerdote que vestía las mejoras galas diseñadas para la ocasión, como el alba de color blanco, la casulla bordada con hilos de plata, la capa pluvial con hermosos bordados, la estola y el paño humeral para coger la Custodia, el color predominante era el blanco porque simboliza la pureza y la resurrección de Cristo.

El Palio era otro elemento importante confeccionado con tapiz de damasco, sujeto por 6 columnas de aluminio cromado, que protegía al Santísimo durante el recorrido, el cual era llevado por las autoridades y caballeros que sobresalían por su educación y moral; acompañada de oraciones, canticos, cuetes y campanas a rebato e incienso que inundaba el ambiente con el humo oloroso y que simboliza la oración a Dios y que es signo de alabanza.

El humo que despedía tanto de los altares como del turíbulo o incensario que cuelga de 4 cadenas de un metro de longitud, para que pueda balancearse de un lado a otro; la naveta, el recipiente que contiene el incienso y una cucharilla, el acetre que es el recipiente que contiene el agua bendita, el hisopo que sirve para rociar con el agua bendita durante la bendición. La procesión recorría las 4 esquinas en las que se hallaban los monumentos y terminar el recorrido en el atrio del Templo junto a otro altar imponente.

La luz, que era representada por las velas y lámparas, el blanco por las flores, los tules, las sedas y la vestidura del sacerdote, los rosquetes las lamp’aqanas, el pan de leche, el maní, el q’upuru, la chirimoya; se complementaba con la primera comunión que realizaban las niñas vestidas de blanco, con coronas, una vela decorada muy coquetamente, el librito de oraciones, el Santo Rosario, los guantes, las estampitas etc. reforzaban el carácter festivo de la celebración y la presencia de los ángeles.

Sin embargo, ahora se ha generalizado la elaboración de alfombras florales con motivos de Corpus Christi por los estudiantes de las unidades educativas.

VENDEDORAS ATAVIADAS DE BLANCO SE CONFUNDEN CON LOS ALTARES

Entre medio de los altares que se encuentran en las 4 esquinas de la plaza, las vendedoras que son generalmente jóvenes cholitas muy elegantes se acomodan en los espacios conjugando alegremente con el entorno.

Haciendo gala de su entusiasmo y habilidad para exponer sus productos en grandes canastos redondos los exquisitos rosquetes de textura muy suave a base de huevo, las lamp’aqanas con dulce de lacayote o dulce de leche bañadas con almíbar blanco elaborado con pulla pulla que es una planta silvestre de raíz bulbosa, blanco lechoso; sobre mesitas cubiertos con manteles blancos acondicionadas al momento espiritual que se vive, junto a otros productos como la chirimoya, la naranja, la mandarina, el pacay, maní, la caña, la k’isa de durazno con formas de guaguas que es la atracción de los niños/as, q’upuru tostado de frejol blanco albo muy nutritivo de forma redonda, el pan de leche con figuras alusivas al momento y chambergos.

Con todos estos elementos la plaza que es una joya arquitectónica adquiría una magia especial en que se combinaba el mundo espiritual con el mundo material en perfecta armonía.

COMIDA PREPARADA PARA LA OCASIÓN

Los alimentos destinados para el consumo en el día especial dedicado a celebrar el Cuerpo de Cristo, era la carne de res, cordero, conejo cuis, maní y verduras que eran la base para preparar el almuerzo que consistía en un caldo de maní, o la ch’anqa a base de papa runa a martajado en batán con cordero, huevos quebrados, verduras, habas, arveja y cebolla verde finamente cortada que se agrega al final a tiempo de sacar del fogón; o ch’aqe de quinua combinado con maní o el picado de papa runa, con cordero y huevo. Todos estos platillos preparados exquisitamente tenían como característica el color blanco relacionado con la Hostia, el cuerpo de Cristo.

Por la tarde la comida consistía en una chhanqa de conejo sazonado con especias, habas, cebolla verde, papa redonda, o en su defecto un lampreado, cordero al horno o asado acompañado con la infaltable llajua, aderezo molido de puro locoto verde con killkiña y cebollitas tiernas finamente picadas como adorno. Como bebida la famosa chicha de maíz amarillo, que mandaban a elaborar especialmente para la fiesta.

Por otra parte, las personas comenzaban a consumir desde la mañana al atardecer los rosquetes y lamp’aqanas, fruta, caña, maní, etc. jugando y compartiendo con la familia, dando gracias a Dios por los productos proporcionados en la mesa. Servirse la caña o la fruta era todo un acontecimiento que giraba alrededor de la mama’ y el papa’ sentados en el patio principal, el cual era acondicionado para pasar un momento festivo y simpático.

Delicias de la Celebración en Totora: Foto: Gonzalo Camacho, Casa Museo Aiquile
Altar en una esquina de la plaza de Torora, Foto: Radio Colonial Totora
CELEBRACION CENTRAL DE LA FIESTA

INSTALACIÓN DE ALTARES O MONUMENTOS

El arreglo e instalación de los monumentos constituía el punto central de la celebración, pues congregaba a protagonistas y curiosos que se apostaban desde tempranas horas, para observar cómo tomaban cuerpo los altares gigantes en cada esquina de las galerías de la plaza.

En principio se acumulaba el material a utilizar, junto a los ornamentos para la gran empresa: finos biombos, mesa rectangular, mesitas auxiliares de bronce o madera con placas de mármol o espejos italianos, candelabros de bronce plata o cristal de roca, lámparas, floreros de fina porcelana de origen chino o italiano, esquineros y maceteros de fina madera, manteles blancos finamente bordados , colchas bordadas para cerrar los espacios, seda, terciopelo y tules, alfombras de Persia, velas, flores blancas con preferencia la ilusión, el nardo y la flor nativa de la temporada llamada “llave t’ica” o flor de llave, incienso, cuetes, braseros, cojín de terciopelo, cuadros e imágenes alusivas a Corpus Christie.

Con todos estos elementos, iban dando forma a altares fantásticos que irradiaban espiritualidad mediante los recursos usados para tal efecto. La luz se lograba mediante la iluminación de las velas, la pureza a través de las flores, manteles, tules, sedas. Las sedas y tules envolvían graciosamente los maceteros, las columnas y pilares de la galería, tules colgando desde el cielo raso en forma de ondas; arreglos florales que expresan la veneración que merece el altar, las flores silvestres adornaban las columnas, pilares y el piso que estaba cubierto de alfombras, la mesa primorosamente adornada y acondicionada para recibir el Santísimo Sacramento.

Delicias de la Celebración en Totora: Foto: Gonzalo Camacho, Casa Museo Aiquile

El Altar Mayor de la Iglesia de San Salvador, era también motivo de preocupación de parte de las señoras devotas y el párroco; el arreglo y decorado se realizaba en la víspera con mucha imaginación y creatividad logrando un impacto visual de carácter espiritual.

A horas 10:00 comenzaba la Santa Misa, que se celebraba junto al Altar Mayor, con asistencia de las autoridades, los escolares y el pueblo en general ataviados con sus mejores vestiduras. Posteriormente se realizaba la procesión del Santísimo expuesto en una Custodia de oro, que era llevada con mucho misticismo por el sacerdote que vestía las mejoras galas diseñadas para la ocasión, como el alba de color blanco, la casulla bordada con hilos de plata, la capa pluvial con hermosos bordados, la estola y el paño humeral para coger la Custodia, el color predominante era el blanco porque simboliza la pureza y la resurrección de Cristo.

El Palio era otro elemento importante confeccionado con tapiz de damasco, sujeto por 6 columnas de aluminio cromado, que protegía al Santísimo durante el recorrido, el cual era llevado por las autoridades y caballeros que sobresalían por su educación y moral; acompañada de oraciones, canticos, cuetes y campanas a rebato e incienso que inundaba el ambiente con el humo oloroso y que simboliza la oración a Dios y que es signo de alabanza.

El humo que despedía tanto de los altares como del turíbulo o incensario que cuelga de 4 cadenas de un metro de longitud, para que pueda balancearse de un lado a otro; la naveta, el recipiente que contiene el incienso y una cucharilla, el acetre que es el recipiente que contiene el agua bendita, el hisopo que sirve para rociar con el agua bendita durante la bendición. La procesión recorría las 4 esquinas en las que se hallaban los monumentos y terminar el recorrido en el atrio del Templo junto a otro altar imponente.

La luz, que era representada por las velas y lámparas, el blanco por las flores, los tules, las sedas y la vestidura del sacerdote, los rosquetes las lamp’aqanas, el pan de leche, el maní, el q’upuru, la chirimoya; se complementaba con la primera comunión que realizaban las niñas vestidas de blanco, con coronas, una vela decorada muy coquetamente, el librito de oraciones, el Santo Rosario, los guantes, las estampitas etc. reforzaban el carácter festivo de la celebración y la presencia de los ángeles.

Sin embargo, ahora se ha generalizado la elaboración de alfombras florales con motivos de Corpus Christi por los estudiantes de las unidades educativas.

VENDEDORAS ATAVIADAS DE BLANCO SE CONFUNDEN CON LOS ALTARES

Entre medio de los altares que se encuentran en las 4 esquinas de la plaza, las vendedoras que son generalmente jóvenes cholitas muy elegantes se acomodan en los espacios conjugando alegremente con el entorno.

Haciendo gala de su entusiasmo y habilidad para exponer sus productos en grandes canastos redondos los exquisitos rosquetes de textura muy suave a base de huevo, las lamp’aqanas con dulce de lacayote o dulce de leche bañadas con almíbar blanco elaborado con pulla pulla que es una planta silvestre de raíz bulbosa, blanco lechoso; sobre mesitas cubiertos con manteles blancos acondicionadas al momento espiritual que se vive, junto a otros productos como la chirimoya, la naranja, la mandarina, el pacay, maní, la caña, la k’isa de durazno con formas de guaguas que es la atracción de los niños/as, q’upuru tostado de frejol blanco albo muy nutritivo de forma redonda, el pan de leche con figuras alusivas al momento y chambergos.

Con todos estos elementos la plaza que es una joya arquitectónica adquiría una magia especial en que se combinaba el mundo espiritual con el mundo material en perfecta armonía.

Altar en una esquina de la plaza de Torora, Foto: Radio Colonial Totora
Delicias de la Celebración en Totora: Foto: Gonzalo Camacho, Casa Museo Aiquile
CELEBRACION CENTRAL DE LA FIESTA
Altar en una esquina de la plaza de Torora, Foto: Radio Colonial Totora

INSTALACIÓN DE ALTARES O MONUMENTOS

El arreglo e instalación de los monumentos constituía el punto central de la celebración, pues congregaba a protagonistas y curiosos que se apostaban desde tempranas horas, para observar cómo tomaban cuerpo los altares gigantes en cada esquina de las galerías de la plaza.

En principio se acumulaba el material a utilizar, junto a los ornamentos para la gran empresa: finos biombos, mesa rectangular, mesitas auxiliares de bronce o madera con placas de mármol o espejos italianos, candelabros de bronce plata o cristal de roca, lámparas, floreros de fina porcelana de origen chino o italiano, esquineros y maceteros de fina madera, manteles blancos finamente bordados , colchas bordadas para cerrar los espacios, seda, terciopelo y tules, alfombras de Persia, velas, flores blancas con preferencia la ilusión, el nardo y la flor nativa de la temporada llamada “llave t’ica” o flor de llave, incienso, cuetes, braseros, cojín de terciopelo, cuadros e imágenes alusivas a Corpus Christie.

Con todos estos elementos, iban dando forma a altares fantásticos que irradiaban espiritualidad mediante los recursos usados para tal efecto. La luz se lograba mediante la iluminación de las velas, la pureza a través de las flores, manteles, tules, sedas. Las sedas y tules envolvían graciosamente los maceteros, las columnas y pilares de la galería, tules colgando desde el cielo raso en forma de ondas; arreglos florales que expresan la veneración que merece el altar, las flores silvestres adornaban las columnas, pilares y el piso que estaba cubierto de alfombras, la mesa primorosamente adornada y acondicionada para recibir el Santísimo Sacramento.

El Altar Mayor de la Iglesia de San Salvador, era también motivo de preocupación de parte de las señoras devotas y el párroco; el arreglo y decorado se realizaba en la víspera con mucha imaginación y creatividad logrando un impacto visual de carácter espiritual.

A horas 10:00 comenzaba la Santa Misa, que se celebraba junto al Altar Mayor, con asistencia de las autoridades, los escolares y el pueblo en general ataviados con sus mejores vestiduras. Posteriormente se realizaba la procesión del Santísimo expuesto en una Custodia de oro, que era llevada con mucho misticismo por el sacerdote que vestía las mejoras galas diseñadas para la ocasión, como el alba de color blanco, la casulla bordada con hilos de plata, la capa pluvial con hermosos bordados, la estola y el paño humeral para coger la Custodia, el color predominante era el blanco porque simboliza la pureza y la resurrección de Cristo.

El Palio era otro elemento importante confeccionado con tapiz de damasco, sujeto por 6 columnas de aluminio cromado, que protegía al Santísimo durante el recorrido, el cual era llevado por las autoridades y caballeros que sobresalían por su educación y moral; acompañada de oraciones, canticos, cuetes y campanas a rebato e incienso que inundaba el ambiente con el humo oloroso y que simboliza la oración a Dios y que es signo de alabanza.

El humo que despedía tanto de los altares como del turíbulo o incensario que cuelga de 4 cadenas de un metro de longitud, para que pueda balancearse de un lado a otro; la naveta, el recipiente que contiene el incienso y una cucharilla, el acetre que es el recipiente que contiene el agua bendita, el hisopo que sirve para rociar con el agua bendita durante la bendición. La procesión recorría las 4 esquinas en las que se hallaban los monumentos y terminar el recorrido en el atrio del Templo junto a otro altar imponente.

La luz, que era representada por las velas y lámparas, el blanco por las flores, los tules, las sedas y la vestidura del sacerdote, los rosquetes las lamp’aqanas, el pan de leche, el maní, el q’upuru, la chirimoya; se complementaba con la primera comunión que realizaban las niñas vestidas de blanco, con coronas, una vela decorada muy coquetamente, el librito de oraciones, el Santo Rosario, los guantes, las estampitas etc. reforzaban el carácter festivo de la celebración y la presencia de los ángeles.

Sin embargo, ahora se ha generalizado la elaboración de alfombras florales con motivos de Corpus Christi por los estudiantes de las unidades educativas.

. Redacción:
Rosa Elena Novillo Gómez

Maestra Meritoria, Investigadora e Historiadora Cochabambina. Miembro de la Sociedad de Editores y Redactores SER Cochabamba

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